martes, 15 de enero de 2008

Primeras

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Tras casi dos meses de palear sólo mentalmente (gracias a una astuta sucesión de catarros, líos y mal tiempo), el jueves hice algo del bueno, del real. A pesar de pronósticos meteorológicos preocupantes, el clima se mostró benigno y resultó una excursión estupenda.

Meditando un poco, me dí cuenta de que esta salida reunía un elevado número de "primeras veces" para mí. No sólo era la primera del 2008, más importante es que era mi primera por encima de 20 km. Bastante por encima, de hecho, ya que nos proponíamos una ruta de algo más de 42 km, ida y vuelta. Además, era mi estreno de mis flamantes mukluks de Chota, de palear con guantes, del Embalse de Bolarque y, aunque con Jaime (aka Borrasca) ya había hecho alguna salida, a los otros dos miembros del grupo sólo los conocía del foro. Ah, y sólo por casualidad, cosa de un par de horas, no estrenaba también pala.




Con tanto experimento simultáneo, casi esperaba que alguno fuera fatal. Bueno, me alegra decir que no fue así. Dado que salimos algo más tarde de lo proyectado en principio y que quisimos regresar al coche con luz, Jaime y yo hicimos al final algo menos de 40 km (Sergio y Arturo, nuestros compañeros más animosos y más veloces, extendieron la excursión en unos 5-6 km más), pero no me encontré especialmente cansado y, para mi total sorpresa, al día siguiente los hombros y los brazos no me molestaban en lo más mínimo. Si "notaba" los trapecios, romboides y oblicuos (en ese orden), pero nada especial tampoco. Arturo y Sergio demostraron ser unos tipos de lo más majo. Las mukluks se comportaron de maravilla, manteniéndome los pies calientes y secos y, aunque no me entusiasmó la sensación de mástil más grueso que produjeron los guantes, lo considero un compromiso perfectamente aceptable a cambio de manos más calientes.



Bolarque resultó ser un lugar precioso. Solitario, tranquilo y rebosando calma, exhibió un paisaje magnífico, agua clara y montones de pájaros. Había fochas, ánades reales (azulones y pardas, que les llamaban en mi tierra) y cormoranes a cientos, pero también ánade friso y algún porrón común, abundantes garzas reales, martines pescadores y buitres en los paredones de las orillas. La niebla que nos acompañó la mayor parte del día le prestaba al sitio un aire melancólico my favorecedor a mi juicio. Jaime y Sergio lo registraron en un número de fotografías, incluidas las que amablemente me han dejado para ilustrar esta entrada.

En resumen, una excursión fantástica. Lo tomaré como un buen presagio para el 2008.

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