
Además, hice lo del cordelito para comproabar la simetría y alineamiento y resultó que estaba en el rango del "terrific job" de Cunningham. No hubiera aceptado ninguna apuesta sobre eso previamente...
Por supuesto, no todo fué perfecto y como la seda. Las formas de MDF dieron algún problema. Las predicciones levemente ominosas del maestro artesano Xevi (visitad sus blogs, el qajaq, el umiaq y... bueno, las otras cosas. Vale la pena) tendieron a cumplirse. Un par de las formas centrales rompieron uno de sus brazos externos y las de proa y popa tendían a abrirse en la parte superior (las próximas, si hay próximas, no irán abiertas en el centro)
Por fortuna, mi amigo y compañero constructor Alfonso ( cuyo blog de construcción de qajaqs y palas recomiendo encarecidamente) me había alertado del artefacto que se ve en la foto de abajo cuando mi proyecto era poco más que preocupaciones y una larga lista de posibles problemas en mi cabeza entre los que como lidiar con una inclinación de las bordas cambiante ocupaba un lugar prominente. Es, en esencia, dos tablas unidas por arriba y abajo con palos de atortorar, lo que permite un ajuste independiente de la presión en los bordes superior e inferior de las bordas.

El trasto parece haber sido inspirado por (o haber inspirado él) algún instrumento de tortura, pero lo cierto es que ha funcionado muy bien para persuadir a las bordas de que adoptasen los ángulos deseados. Me ha gustado de verdad. Si hay más qajaqs en el futuro, creo que usaré formas más simples y robustas en conjunción con este chisme. Gracias, Alfonso.
La tendencia a abrirse de las formas de los extremos se curó rodeándolas con unas cinchas, que también se mostraron diversamente útiles para ayudar a mantener la forma general. Ah, y, ya puestos, hice el truco de la sierra para que los extremos de las bordas contactaran bien. Y empecé a cortar y ajustar el primer bao recto (que gran invento la lima...).
Así que hay progreso. Tengo algo que al mirarlo que hace pensar en un qajaq y he aprendido para el futuro.
Y ya casi he olvidado los momentos de pánico.