viernes, 24 de octubre de 2008

Lo mismo

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Hace poco he vuelto de vacaciones. A diferencia de la mayoría de las anteriores, esta vez han sido largas (tres semanas). Además, fui a un sitio exótico con un océano estupendo lleno de ballenas yubartas (pude ver una saltando desde la playa y eso que no pasé mucho tiempo en la costa). Sin embargo, no he paleado un sólo minuto.

Y esta no era mi primera infidelidad. Antes a lo largo del año, un par de fines de semana largos perfectos pasaron también sin tocar pala ni kayak. En su lugar, me fui a descender barrancos.


Comenzé con el barranquismo unos años antes que con el kayak y no soy ningún experto. Sin embargo, y al igual que el kayak, me encanta. Hasta 2007 era mi principal pasatiempo al aire libre y apenas tenía que competir por las principales porciones de mi tiempo libre. Entonces, me hice con el barco... y he tenido el corazón dividido unas cuantas veces. Sencillamente, falta tiempo para las cosas que de verdad molan...

Creo que el kayak y los barrancos me gustan tanto porque, al final, para mi vienen a ser lo mismo: la manera de accedera a momentos y lugares especiales. Dicho así, me parece que no termina de expresar toda la semejanza entre ambas experiencias (insisto: para mí). Como con el kayak de mar, en los barrancos esos momentos suelen provenir de la contemplación de los lugares asombrosos en los que de repente te encuentras y, en general, no se asocian a saltos a pozas o rápeles bajo cascadas: eso es lo que se hace para llegar allí.

Y se llega a sitios realmente especiales...


Nota: Como de costumbre, las fotografías no son mías y aparecen por gentileza de sus autores, sobre todo Santi y Annabella, pero también (creo, ya me hago un lío con quien hizo qué foto...) Sol, Miriam y Dani I y II. Hay unas cuantas más aquí. Agradecimiento especial para Santi, guía extraordinario, y Dolomismo, su compañía y la de Annabella. Sin ellos, no habría estado allí.

martes, 19 de agosto de 2008

Qajaq & Frito

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Me parece que soy afortunado. Tengo amigos que construyen kayaks "Skin-On-Frame" tradicionales y después me invitan a palear con ellos, me enseñan lugares preciosos, me permiten probar sus barcos y soportan mi alegría infantil con una sonrisa...

Uno de ellos, Alfonso, es la persona que talló y me prestó la primera pala groenlandesa que sostuve y usé durante la II Concentración de Kayak Costa Cálida (que organizó él). Un auténtico punto clave en mi devenir kayakista. Hace no mucho se ha atrevido con un proyecto más ambicioso y ha construido un qajaq precioso (el proceso se documenta en el muy recomendable blog "Groenlandeses Murcianos"). Desde la Concentración, Alfonso se había ofrecido varias veces a enseñarme algunos de sus sitios favoritos y, por fin, hace unos diez días, fui capaz de aceptar su generosa invitación

En una tarde cálida Alfonso, Roberto y yo recorrimos una zona particularmente bonita del río Segura. Aguas arriba primero (lo que, a veces, necesitó de una juiciosa mezcla de músculos y uso astuto de las contracorrientes) y, después, corriente abajo hasta nuestro punto de embarque inicial. Remar en el río fue una gran diversión que requiere la atención justa. De hecho, me gustó tanto que repetimos a la mañana siguiente. El trayecto fué el mismo, pero no así la experiencia, ya que, río, luz, sonidos y olores eran distintos.

Los barcos cambiaron también. El primer día usé un Draken de Fun Run, un kayak estable, confortable y rápido que debe mostrarse como un gran barco para expediciones, pero el segundo día paleé en el qajaq de Alfonso. Y, simplemente, me enamoré de él. Era increíblemente sensible y ágil. Se deslizaba con suavidad, aceleraba fácilmente y trazaba giros ajustados. Sobre todo, permitía un grado de control preciso que no había experimentado antes y pasé un rato delicioso. Ahora sueño con kayaks de pantoques vivos.


Y lo mejor de todo fue la hospitalidad de Alfonso, que llegó mucho más allá de prestarme sus barcos. Me cogió y me colocó en medio de su familia para compartir con ellos los buenos ratos que estaban pasando juntos. Ciertamente así fue. Jugué con los críos, hablé con los adultos, probé la estupenda cocina local y, sencillamente, disfruté de estar ahí.

Ya lo he dicho, soy afortunado.

martes, 15 de julio de 2008

Coincidencia

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Admito que compré "Bark Canoes and Skin Boats of North America"de Adney & Chapelle porque, además del abundante material sobre canoas, se ocupaba también de kayaks y contenía líneas para diversos tipos. No me defraudó. No era el principal objeto de la obra, claro está, pero la sección de kayaks, aunque corta en comparación, resultó útil. En general, ignoré las partes sobre canoas (es decir, la mayor parte) y sólo ahora, como una especie de bonificación inesperada, estoy empezando a descubrir hasta donde llega el auténtico valor de esta obra.

Por ejemplo, al hojearlo al azar, me ha impresionado repetidamente la belleza y elegancia de muchas palas de canoa tradicionales. Estos no son objetos que parecen un herramienta para cavar desviada a otros usos en un apuro o en un arrebato de inspiración poco afortunada. No. Estas palas tienen hojas delicadamente talladas, largas y estrechas, que discurren a lo largo de líneas fluidas para unirse a mástiles y empuñaduras que no desmerecen. Muy bonitas.

Y, a pesar de su buen aspecto, siguen siendo ante todo herramientas. Estas son las palas que usaron, entre otros, los cazadores nativos, los primeros exploradores y los legendarios Voyageurs, los tripulantes de las míticas Maitre Canots y Canots du Nord sobre cuya capacidad para cubrir inmensas distancias en canoa se construyó en buena parte el comercio de pieles. Todas estas gentes necesitaban remar mucho sin lesiones ni agotamiento excesivo y parece que todos tendieron a usar palas con hojas largas y estrechas. Adney, recapitulando las prácticas de los Voyageurs es muy claro: "El Voyageur era exigente respecto a su pala; ningún hombre en su sano juicio usaría una hoja de más de 4,5 o 5 pulgadas (Nota: 11,2-12,5 cm approx.), pues cualquier cosa más ancha lo agotaría en poco tiempo"


Y los pequeños descubrimientos interesantes continúan (al menos para mí, totalmente ignorante en canoas). Al observar las empuñaduras, muchas están claramente construidas para ser agarradas no con la mano cerrada alrededor de su extremo superior, sino atravesada, con el antebrazo en ángulo recto con el mástil. Este agarre, conocido como "Agarre Northwoods" o "Agarre de guía de Maine" permite sujetar la pala de diversas maneras, proporcionando versatilidad al poder cambiar su longitud efectiva según sea adecuado. Facilita además el uso de la "Palada Northwoods" que al parecer somete a menos sufrimiento a muñecas y antebrazos y fomenta la aplicación de potencia mediante rotación del torso.


Así que, da la impresión de que en el mundo de la canoa canadiense, los canoístas recreativos que han mirado a las prácticas y equipo tradicionales han encontrado cosas de valor. Entre otras, que las hojas largas y estrechas pueden funcionar muy bien.

Resulta familiar...

martes, 24 de junio de 2008

Madera Telescópica

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No es ninguna noticia que la extensión de la pala es parte central de la práctica del kayak al estilo groenlandés. Hasta el punto, de hecho, de que se ha argumentado que una de las marcas distintivas de una verdadera pala groenlandesa es que su dueño ha de poder agarrarla de manera cómoda y segura en cualquier punto a lo largo de su longitud. Y no se trata sólo de extender la pala para esquimotajes y apoyos. Timones y paladas de propulsión (p.e., la palada deslizante) aprovechan también las posibilidades que ofrece.


Las palas aleutianas se distinguen de las groenlandesas por, entre otras cosas, ser asimétricas, pero existen ciertas semejanzas superficiales como hojas largas y estrechas y mástiles relativamente cortos. Por tanto, palistas aleutianos capturados con sus palas extendidas en fotos de época puede no sorprender demasiado. La mayoría de tales fotos muestran las palas extendidas para ejecutar un apoyo que estabilice un kayak doble o triple. La mayoría pero no todas, ya que, al menos para mí, el palista de la foto justo debajo no parece estar realizando un apoyo.

Por desgracia, nuestro conocimiento de las prácticas de los palistas aleutianos es dolorosamente escaso en muchos aspectos (ni siquiera está totalmente claro si esquimotaban, recordáis?) y yo no me he topado con nada que informe sobre la extensión, funciones, etc... de la extensión de pala en esta tradición kayakista (agradeceré cualquier pista). Parece no haber mucho más que unas pocas imágenes difíciles de interpretar.


Este es también el caso, incluso en mayor medida, para otros kayakistas nativos del Ártico. Las viejas fotos muestran que, al menos de vez en cuando, sostenían sus palas por las hojas. Incluso si esas hojas eran más anchas que las groenlandesas o aleutianas, como en el caso de los palistas del area de Noatak, en el norte de Alaska (mirad a algunos de los señores a la izquierda en la foto de arriba) o del delta del Mackenzie (debajo)


Su anchura parece sugerir que, a diferencia de las groenlandesas, la extensión total de pala no era un requerimiento de diseño de las hojas del Norte de Alaska o el delta del Mackenzie. Parece razonablemente seguro hipotetizar que la palada deslizante completa no se usaba de manera habitual es esas zonas, pero los detalles requerirían probablemente la clase de información que sólo una tradición kayakista viva puede proporcionar. Somos afortunados de que el kayak permaneciera vivo (apenas) en Groenlandia, pero por lo que hemos aprendido de allí creo que podemos hacernos una idea de lo que hemos perdido con la extinción del uso tradicional del kayak en prácticamente el resto del Ártico.


jueves, 22 de mayo de 2008

Primeras V: Qajaq

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Hacen ya dos meses de otra de esas primeras veces que aún son razonablemente frecuentes en mi práctica del kayak de travesía. Gracias a la gentileza de Xabier, constructor naval extraordinario y compañero kayakista de interior y del foro Kayak de Mar, tuve la oportunidad de palear en un precioso (comprobadlo en las fotos, no tenéis que aceptar mi palabra) qajaq de piel-sobre-armazón, estilo oeste de Groenlandia que había terminado recientemente.

El viaje inaugural del qajaq tuvo lugar en Cazalegas, un bonito y no muy lejano pantano (que visitaba por primera vez) y que resultó bastante interesante en el departamento de ver pajaritos. El macho de una pareja de aguiluchos laguneros pareció interesarse por nosotros y nos acompañó durante bastantes ratos y en los sotos de la cola del pantano, el grupo, i.e., Xabier, Juan Antonio (cuyas fotos ilustran esta entrada), Jesús y yo vimos martinetes y garzas imperiales.

Al salir de la inmediaciones de la presa hacía un día de sol brillante, aunque algo ventoso. Según paleábamos el viento fue arreciando, trayendo nubes y levantando un oleaje pantanero de cierta relevancia. Viento y ola de popa, se podría decir, ya que justo por ahí nos llegaban ambos. Al llegar al final de una de las colas del pantano tras algo más de 6 km de paleo, Xabier y yo cambiamos barcos y entré por primera vez en un SOF para llevarlo en el viaje de vuelta.

Me sorprendió la sensación de solidez y robustez que transmitía. Había leído y escuchado abundantemente que los SOF no son barcos frágiles, más bien todo lo contrario, pero por algún motivo no había interiorizado la idea de verdad. Bueno, ahora sí que lo he hecho. Mi primer pensamiento fue una satisfecha constatación de lo estupendamente que conjuntaban mi pala groenlandesa y el qajaq, pero fue rápidamente desplazado por la experiencia de primera mano de lo que un casco en V marcada le hace a la estabilidad primaria (más o menos, matarla, si me fío de mi primera impresión), pero también de como la estabilidad secundaria acude rápidamente al rescate.

Y tan pronto como puse el barco en movimiento, las sensaciones cambiaron por completo. De repente, se volvió muy estable, sin apenas balanceo. Para entonces, el viento que soplaba justo en contra nuestra era ya bastante fuerte, para alegría de unos windsurferos surgidos repentinamente. Teníamos que trabajar en serio para avanzar algo. En esas condiciones, el qajaq mantenía el rumbo como si fuera sobre raíles, pero respondía bien a canteos moderados. Fue también una gran oportunidad de comprobar que, sí, una cubierta de proa totalmente plana significa un viaje mojado incluso si todo lo que atraviesas son olas pantaneras no muy altas.

Disfruté muchísimo esos 6 km de vuelta y pienso que, si hubiera construido el barco yo, el sentimiento hubiera estado peligrosamente cercano al gozo puro. Aún no sé cuando, pero si que sé que algún día tendré que construir un SOF.

martes, 22 de abril de 2008

Conexión (IV). No hay un minuto que perder

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En una de las novelas de la serie de Aubrey & Maturin de Patrick O'Brian (de las que soy devoto fan) el buque de pertrechos Ringle, una marinera goleta (posiblemente goleta de gavias o de velacho, ya que era de la clase llamada "clíper de Blatimore") propiedad de Jack Aubrey aparece cruzando una bahía cerrada al norte por el Cabo de Bares. Mandada, como de costumbre, por el Guardiamarina William Reade y llevando al Dr. Maturin, su hija y su fortuna, la Ringle se ve perseguida de cerca por un poderoso corsario francés, el lugre de tres palos Marie-Paule. Para el evitar el abordaje y la subsiguiente inevitable captura, la Ringle, hábilmente pilotada por Reade y el magnífico Barret Bonden, el timonel del capitán Aubrey, se ve obligada a pasar literalmente a tiro de galleta de los peligrosos acantilados y rocas del Cabo

Y me acabo de dar cuenta de que esa bahía es lo que yo conozco como la boca de la Ría de O Barqueiro y de que estuve paleando justo ahí esta Semana Santa pasada.

miércoles, 16 de abril de 2008

Kayak Pobre

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En una entrada antigua me refería a la tradición ártica de embarcaciones hinchables. La cosa no termina ahí. Al parecer, plegables y Sit-On-Top se conocían también. El kayakluk, o kayak pobre, de Povungnituk (Noreste de la Bahía de Hudson) era ambas cosas a la vez.

Se trataba de una embarcación de recogida para la caza desde el borde del hielo. De alrededor de 1.80 m de eslora, 0.8 de manga y 38 cm de alto, se construía reciclando la piel vieja de un kayak ordinario y no tenía armazón rígido interior. El cazador lo transportaba plegado a la espalda hasta el borde de la banquisa y allí lo llenaba de nieve y apretaba las tiras de cuero de la parte superior. En el agua, el palista se sentaba encima con las piernas extendidas y usaba una pala corta. De acuerdo con sus usuarios, las principales ventajas del kayak pobre eran su ligereza y facilidad de transporte. Con frecuencia, llevar un kayak normal en trineo dañaba su cubierta de piel.

Y recuerda muchísimo a una zapatilla.